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24.11.07

UNA CONVERSACIÓN CON JORGE VILLACORTA

Coincidiendo con textos anteriormente incluidos en esta bitácora, Luís Carlos Burneo el artífice de La Habitación de Henry Spencer, hace una interesante video-entrevista al curador y crítico peruano Jorge Villacorta.

Esta amena conversación permite conocer algo más sobre Jorge Villacorta; sus manías, sus peculiaridades y anécdotas que indudablemente nos hacen ver el lado más cercano e intimo de este reconocido crítico y curador

Jorge Villacorta es, en definitiva, una de las personas más apreciadas que conozco. Cada vez que su nombre aparece, de pronto, en una conversación, el ambiente se llena de buenas palabras y deseos hacia su persona. Lo conocí hace muchos, muchos años, pero nunca habíamos tenido una oportunidad real para conversar. Fue interesante charlar sobre su conocido rol como curador de arte, pero, aun más cautivador, fue hablar acerca de él, como persona poseedora de muchas manías. Más videos en La Habitación de Henry Spencer.


19.11.07

JORGE VILLACORTA, CRÍTICO DE ARTE

Rodrigo Sarmiento, cuelga en Invasiones Bárbaras una interesante reflexión sobre el crítico y curador de arte peruano Jorge Villacorta.

Lejos de una fría entrevista, en esta amena conversación se puede conocer los inicios de Jorge Villacorta en su actividad de crítico de arte desde los ochentas en el Perú.

JORGE VILLACORTA, CRÍTICO DE ARTE

Por: Rodrigo Sarmiento


A través del curso de Historia de la Crítica hemos ido reconociendo y construyendo el perfil del crítico de arte. Sea a partir de los personajes clásicos que se han constituido como hitos —Charles Baudelaire, Guillaume Apollinaire, John Ruskin, Marta Traba, Juan Acha— o la presencia de esta actitud de juicio dentro de la cotidianidad del mundo artístico, la existencia de la crítica de arte se remonta probablemente a la primera obra de arte (una escena en la película del director neoyorquino Mel Brooks, La Loca Historia del Mundo, retrata el momento en que nace el primer artista y con él, el primer crítico).

Con ánimos de dinamizar un curso que no tendría porque ser estático, la profesora, Dra. Hilda Barentzen Gamarra, nos sugirió hacer un trabajo sobre importantes críticos. Así, con ánimos de internarme más en un mundo poco poblado de la realidad artística-intelectual nacional, decidí aventurarme a investigar y analizar la labor de algún crítico peruano.

Con dicho objetivo en mente, me acerqué al reconocido crítico de arte Jorge Villacorta Chávez. Y es que me llamaba muchísimo la atención cómo un biólogo podía no sólo ser un aficionado al arte, pero ser considerado uno de los más importantes críticos y curadores del medio nacional. Con algunos libros publicados, muchas muestras curadas y varios artículos en diferentes medios, me pareció una buena opción. Luego se presentó la posibilidad de entrevistarlo y así lo hice. Me sorprendió su generosidad tanto como su desorden. Después de dos entrevistas fallidas, terminó llegando a mi casa y compartiendo conmigo no sólo valioso material escrito, pero respuestas a tanta pregunta se asomaba por el brumoso horizonte que era entender a un hombre de ciencias puras que escribe tan lúcidamente sobre arte contemporáneo.

En la introducción de su libro, “Historia de la Crítica de Arte”, Lionello Venturi elabora un concepto de crítica de arte que servirá de derrotero para el recuerdo cronológico que comprende todos los periodos y estilos del arte occidental. Un juicio crítico del arte basado en la valoración del atributo común, desprendido del concepto de arte, y de las preferencias estéticas de la cultura, del concepto de gusto.

Diferente en cada etapa de la historia, la crítica ha desempeñado un papel importante en el mercado del arte. Quizás el cambio más importante se da en el siglo XIX, cuando los Salones permiten que un público de más amplio espectro social y cultural navegue por los mares del arte académico, dando lugar a la crítica de salón.

Con la crítica de salón aparece también el desprecio por el crítico y con este, la problemática de la posición del crítico. [1]

Jorge Villacorta asume una singular posición al citar un consejo que le diera el pintor Leslie Lee: “Mejor no escribir sobre lo que no te gusta”. Entonces comienza a describir y meditar respecto a la situación actual de la crítica en el Perú.

Habla primero que, desde 1980 hasta 1997, la crítica de arte en el Perú ha ido en declive. No sólo en el número de los autores sino en la calidad de los discursos que se esbozaban y la comprensión del arte como algo fundamental y no suntuario en la sociedad limeña.

Sin embargo, reconoce un auge en la primera mitad de los 80s y nombra unas posibles causas de éste: la inserción, adhesión y simpatía de los críticos o intelectuales con el programa del Frente de Izquierda, del que se supone habría resultado una redefinición de cultura; o una democratización de la cultura hegemónica en el peor de los casos; la idea de un proyecto generacional en un momento en que los proyectos colectivos eran reales, por lo menos en el sentido de que cohesionaban a la gente; y, el breve momento de apogeo de mercado con el cual la crítica está relacionada en el sistema de difusión y consumo artístico, por prohibición de las importaciones.

Para él, los protagonistas de la escena en la crítica son muchos y con antecedentes diferentes. Sin embargo, todos vislumbran una situación en la que el arte habla a un grupo social, claro que lo hace principalmente a través de un grupo de intelectuales ligados a las ciencias sociales, progresistas, y de empresarios emergentes. Los colectivos no eran subterráneos o marginales, pero sí radicales en planteamientos artísticos y la crítica los seguía de cerca, observando, criticando, alentándolos.

Durante los 80s restantes y los 90s, la despolitización del extremo radical-contracultural de la escena artística. La inhabilidad del Frente de I.U. de mantener un perfil propio y no dejar que su programa sea cooptado por el APRA. El retraimiento de los intelectuales de izquierda y su dificultad de definirse en la confusión reinante. La crisis económica con un poco de caída del mercado.

Lo que ocurre a continuación en la crítica es un reposicionamiento de los críticos que siguen escribiendo. Algunos, tal vez los más devotos de las manifestaciones radicales, entran en un terreno que desemboca en la crítica-acción. Si bien también contribuyen a ubicar a artistas que expresen el desconcierto imperante con lucidez a través del arte, otros creen en el silencio. Otros mantienen espacios en periódicos y revistas, pero son pocos los que tienen éxito en escribir crónicas con dirección (no discurso). Los críticos podrían dividirse en formadores de gusto y los que trazan criterios. Pero rápidamente se pierde de vista la inserción nacional de propuestas locales creadas a la sombra de obras internacionales. Aparecen hacia 1989 otros críticos con percepciones pero sin discursos claros. En ningún caso hay un discurso crítico que los ubique o que señale su presencia en proporción real a su ausencia de las obras de la época. El otro, mientras es sujeto político unidimensional es discutido en críticas. Pero, como lo demostraron las contraculturales de los sesentas, el otro es la mujer, el migrante andino, el negro, el homosexual, las minorías.

El discurso crítico de corte político se sesga hacia una constatación de la proximidad inminente de la anarquía. No hay discursos críticos capaces aparentemente de preguntarse acerca de los Derechos Humanos, como sí hubo artistas en 1985 que lo hicieron por el Derecho a la vida. Luego, hacia finales de los 80s, la autocensura impera, la crítica contribuye a ello decididamente, pues prefiere callar antes de dar a conocer trabajos más riesgosos.

Ni los formadores de gusto (paternalistas que devienen en promotores) ni los que trazan criterios (contemplativos y ociosamente analíticos) están en posición tampoco de erigir discursos en el espacio de discusión primordial que es el de la relación entre modernismo y post-modernismo. Porque el modernismo es simple y llanamente algo no consolidado en las artes visuales locales de una manera colectiva. Se puede esgrimir a Szyszlo (el único de su generación residente en el país) como un modernismo que hurga en lo ancestral, pero es un discurso superficial desde el punto de vista de la crítica, ya que en esta dirección el modernismo debería también dar razón del impacto del programa inacabado de la modernidad en el país. En los sesentas hay estudios de campo y se recoge la vivencia del habitante en un mundo cambiante que, sin embargo, es otro en el sentido de otra perspectiva cultural, otra temporalidad, otra etnia. En ese sentido es un asomo insospechado por ciertos aspectos del discurso de transición hacia el momento post-moderno.

Quizás uno de los aspectos más intrigantes de la vida profesional de Jorge Villacorta sea su formación. Oficialmente, podemos decir que estudió primaria y secundaria en el colegio Markham, en Lima, y luego Biología y Genética en la Universidad de York, Inglaterra. No obstante, es su formación extra oficial la que nos interesa.

Lo primero que recuerda es el entrenamiento visual y mnemónico que recibió de sus padres. Ambos, amantes de la pintura impresionista, post-impresionista y expresionista, lo acostumbraron desde muy pequeño a ir a museos, galerías, ver catálogos y posters de arte. Definitivamente, de este adiestramiento adquirió el “ojo” —tan perseguido por los estudiantes de Historia del arte— que luego le serviría para su desempeño como crítico.

Por otro lado, su abuelo fue el poeta Nazareno Chávez Aliaga, quien, ya mayor, decidió escribir su autobiografía. Así, Jorge pasaría horas leyéndole las pruebas de galena y escuchando las infinitas correcciones. Luego de que su abuelo se enfermara, pasaría las mismas horas leyéndole poesía y escuchando las críticas que Nazareno hacía, depositando en el joven las semillas del espíritu crítico e iniciando el largo camino hasta la consagración de éste.

Finalmente, esta temprana formación se culmina con los conocimientos que desde los 14 años recibiría de su profesora de francés, vecina y amiga de su madre, Françoise de Malatesta. A través de innumerables conversaciones y lecturas que se escapaban de los tradicionales libros de aprendizaje del idioma —que incluían títulos de Roland Barthes—, Jorge se acerca académicamente al mundo del arte y las letras.

Terminando el colegio Villacorta se va a Inglaterra para estudiar Biología, más específicamente Genética, materia que lo apasionaba en esa época y determinó sus estudios formales. Sobre la relación entre crítica de arte y biología, Jorge expresa que:

“En la genética tú no ves con lo que trabajas. Es una modelización. En los 80s, descubrí que los procedimientos dependen del marco de lectura. El marco de lectura, a su vez, está construido sobre la base o la información proporcionada por experimentos repetibles”.

A partir de esta reflexión, resalta el proceso científico —observación, hipótesis, comprobación y teoría— como constante en toda investigación, en todo análisis, en toda crítica. A la par, la “paciencia para preparar especímenes para el microscopio y observarlos por horas” le valió como ejercicio para aprender a buscar aquello que suele escapar de la mirada común del espectador frente a la obra de arte.

Sobre su vuelco, de estudiar Genética hacia la crítica, menciona a algunos importantes referentes que le indicaron su vocación de crítico cuando aún cursaba los estudios secundarios. En primer lugar, Roland Barthes, de quien reconoce, luego de haber visitado el Centro Pompidou en el 2003, haber asimilado mucho. Luego estuvieron los críticos de rock a quienes leía en la revista Cream, en inglés. Lester Bangs, sobre todos los demás, fue quien más lo influenció. Igualmente, José Miguel Oviedo (crítico literario de El Dominical del Comercio en las décadas del 60 y 70), Alfonso Castrillón (historiador del arte encargado de los Catálogos del Banco de Crédito del Perú) y Federico de Cárdenas (conocido crítico de cine) le abrieron panoramas de esta actividad en la que terminó sobresaliendo.

Su ingreso a la crítica fue gracias a unos textos que le encargó su compañero de colegio e importante artista plástico peruano, Carlos Runcie Tanaka. Luego fue invitado a escribir en algunas revistas, periódicos y finalmente libros y catálogos.

Sobre la metodología de la que hace uso para sus críticas, resalta el carácter de la observación. Si bien la filología en sus escritos podría apuntar hacia el método iconológico, se trata más bien de una “costumbre de buscar filiaciones”, como él mismo señala. Y es que la intangibilidad de la biología, la genética, la física, la música, el arte, termina por confluir. La crítica, así como las ciencias, debe ser creativa: romper con las tradiciones, renovarse y crear. Jorge termina reflexionando sobre el descubrimiento de Acha de la no existencia de herramientas para analizar la pintura política Guernica, de Pablo Picasso: “no se trata de temas, sólo un absoluto visual”.

Uno de los temas que más interés despertaban en mí a la hora de hacer este trabajo era sobre la manera de maridar crítica con curaduría, dos actividades que en la teoría son opuestas, pero en la práctica —al menos en el medio peruano— se ven revueltas.

Jorge Villacorta se desempeña tanto en crítica como en curaduría, pero encuentra en ellas otro tipo de diferencias que vislumbran diferentes posibilidades y direcciones.

Así, mientras que la crítica se ciñe a posiciones contextuales, en una actitud más partícipe, vivencial, política, la curaduría se debate sobre discursos teóricos, identificando temas y formas tematizadas de hacer arte.

“La crítica es más concreta en amores y odios. La curaduría es más equilibrada: no le gusta, pero muestra”, dice Villacorta. Agrega, “Al curador le falta espacio, al crítico le faltan artistas”.

Así, el crítico que se dedica también a la curaduría puede resultar refrescante para el medio. Si encuentra o descubre a un artista que siente que vale la pena, apostará por él y lo insertará en el mercado. Representa, pues, una importante labor en un medio sin revistas especializadas ni ensayos que intenta construirse sobre elefantes blancos, vacas sagradas y castillos de cristal.

[1] SOLANA, Guillermo. “¿Por qué la crítica es tan aburrida?”. En: Cuadernos hispanoamericanos. ISSN 0011-250X, Nº 561, 1997. Págs. 7-12.

11.11.07

"HÉRCULES" DE PEP AGUT Y REFLEXIONES POSTERIORES

El artista Raimond Chaves colgó hace pocos días en Arte Nuevo una entrevista de David G. Torres -co-editor de A-Desk- al artista catalán Pep Agut en el marco de su exposición "Hércules". Esta entrevista apareció en El Cultural, suplemento de El Mundo

El interés de Raimond al presentar esta entrevista: “Ojalá despierte algún tipo de dudas e interrogantes y ayude a la reflexión en el medio local” no pudo tener mejor eco. En un siguiente post el curador y crítico Miguel López inició un animado e interesante debate que utilizó como referente la entrevista mencionada (y que copiamos a continuación).

Debates como este nos hacen pensar en lo reflexivo que pueden llegar a ser espacios virtuales abocados al análisis del arte peruano y latinoamericano (interés que también compartimos en este espacio). En este sentido estamos totalmente de acuerdo con lo que alguna vez los chicos de la Revista Arte Marcial denominaron “La ineludible blogosfera. El espacio se pone reflexivo”.

Pep Agut. Foto: Santi Cogolludo.

Hércules es la nueva exposición de Pep Agut (Terrassa, 1961) en Barcelona. Un artista de una generación que supuso un relevo frente a la eclosión de la pintura en los ochenta, recuperando las prácticas conceptuales de artistas como Muntadas, Francesc Torres o Francesc Abad. Rigor conceptual y compromiso que ha dejado profunda huella en el arte producido en la Ciudad Condal y que vuelve a estar presente en su exposición para el nuevo espacio de la galería Dels Àngels: Angels Barcelona. Tres piezas forman Hércules: un contrato, que es la pieza en sí, y que asegura que en cada nueva versión, en cada nueva compra, perderá valor económico; una performance, y su documentación, en la que el artista con los zapatos clavados el suelo permanece “expuesto” durante toda la inauguración; y Hércules espectacularizándose una fotografía que en palabras de Pep Agut es “un retrato de lo que no muestra un retrato. De como se produce la imagen del artista/héroe”.

Hércules entra en cuestiones de economía, derecho, legalidad, precio, valor, mercado...
–La legalidad vigente entra con todo su peso. El artista es una figura legal y el espacio del arte está dejando de ser el espacio público por excelencia. Y sin embargo, creo que la producción cultural ocupa el único espacio verdaderamente público que queda en occidente, porque no se construye sobre normativas cerradas: sin distinciones de género, edad, capacidad económica, se puede entrar y salir con plena libertad.

–¿Tiene que ver su contrato con la devaluación del arte?
–No se trata de una pieza sólo sobre la devaluación, también sobre la plusvalía. La plusvalía es un aumento de valor que se obtiene sin hacer nada, y en cambio en arte el valor depende de la acción. Plusvalía es un término económico opuesto al de producción cultural. Por eso es importante que el contrato estipule una norma legal cerrada por la cual está completamente garantizada la devaluación económica de la pieza.

Desde el compromiso
–Un contrato real y legal.
–Sí. Lo ha elaborado el bufete de abogados Enric&Enrich. No es la estetización, ni la representación de un contrato. Entre otras reglas, estipula que el coleccionista tiene que aceptar la apertura completa de los derechos de explotación de la pieza, que quedan a disposición del público para que haga lo que quiera. Por eso tenía que ser real. Además no podía ser de otra forma, después de tantos años defendiendo la necesidad de un compromiso auténtico en arte, no podía caer en la trampa de construir un espacio de juego en el que los compromisos se venden. Habría sido fácil transportar una parte de la realidad y entrar en ese juego de ficción que ha conseguido imponer el capitalismo; implicaría contribuir a hacer del espacio del arte algo inofensivo.

–Habla de abogados, de contratos, ¿no lleva eso mucho tiempo?
–No es una ocurrencia de un día. Ha llevado años de trabajo y la implicación de muchas personas para que todo encajase. Nada que ver con todo eso tan tonto y a la moda de la implicación de medios y demás. No era fácil combatir la idea aurática de original y las leyes que la amparan, ni redactar el propio texto, ni hablar, insisto, del papel de artista, que no es el mismo que el papel de la asociación de artistas, etc.

–¿Reivindica el espacio del artista y del arte y hace una crítica al actual sistema de las artes?
–Y a mi propia condena a usarlo. Por contrato, tengo que asumir determinados compromisos porque ese contrato acota la identidad del artista en el espacio económico y de valores de cambio en el que se ha convertido el arte, pero también, acota la identidad del coleccionista y media para arruinar ese proceso mercantil que está contribuyendo a la ruina cultural.

–Usted queda expuesto, de hecho se exponía, literalmente, durante la performance de la inauguración.
–Toda práctica artística parte de la iniciativa de alguien que está dispuesto, o desea, cierto exhibicionismo.

–Y correr riesgos...
–Desgraciadamente, tal y como se entiende hoy la producción cultural, comprometerse es un trabajo hercúleo. El sistema consigue liquidar el valor de nuestra acción cultural y política (si es que son cosas distintas), de nuestro compromiso.

–¿Rigor y compromiso han sido siempre premisas de su trabajo?
–Los procesos de estetización, de pérdida de contenido, implicación y compromiso que han sufrido las prácticas artísticas han llegado a hacer del rigor una cuestión de proceso técnico. El rigor garantiza la calidad cuando en realidad debería ser la base de una toma de posición ética. Un discurso estético puede crecer solamente sobre una posición ética.

–Pero parece que el arte está alejado de la realidad: no participa de una discusión pública.
–El del arte es hoy por hoy un mundillo absorbido por el mercado que ha encontrado en él un altavoz fundamental para la expansión del sistema.

Desde el sentido del humor
–¿De ahí lo hercúleo del título?
–El fracaso de la misión está garantizado de antemano: combatir ese sistema es un trabajo imposible.

–Que lo entienda como una misión fracasada implica que hay mucho sentido del humor en ello.
–Puedo ser muy tedioso y muy serio. Pero es que el sentido del humor se confunde con una cosa vaga. Antiguamente hablar del humor era hablar del estado de salud de alguien: sus humores. El sentido del humor es la distancia que puedes tomar frente a ti mismo y la situación que te afecta. Es reírse de uno mismo y de los otros. No tiene que ver con hacer gracia. Puedes ver mi exposición con una sonrisa en la boca o con cara de enfado. Pero no renuncio a mis alusiones pedantes para unos, cultas para otros. Me coloco delante de un cuadro negro, que se refiere a Malevich, pero también es el cuadrado negro de esta ciudad... Un engaño, ése es nuestro legado cultural.

–Hablando de Barcelona: su trabajo se relaciona con una tradición conceptual y marca una línea posterior de trabajos desarrollados aquí.
–Después de mi exposición en el MACBA en 2000 creo que quedé apartado, en cierto sentido, de la escena local y ya no soy tan deudor de ella. Soy una especie de outsider. Si gozo de algún respeto por parte de los demás viene de esa independencia. Ahora bien, sigo de cerca el trabajo de algunos artistas muy jóvenes, tengo mi compromiso con ellos y una gran voluntad de debate. Pero, con mis compañeros de generación, en estos últimos años, se ha perdido la solidaridad y la colaboración. Es un error semejante a la generación precedente de los conceptuales históricos, asumiendo papeles también de outsiders y francotiradores. Seguro que sería preferible decir lo contrario, pero mentiría. Por eso me he acercado a artistas generacionalmente muy distantes y con sensibilidades muy distintas, pero con muchas posibilidades de diálogo e ilusión.

30.9.07

CUANDO DOS "CRITICOS DE ARTE" CAGAN FUERA DEL BAÑO

Coincidiendo con la pregunta ¿por qué la crítica de arte es tan aburrida? que pudimos comentarla, e incluso colgar el audio de una entrevista a Guillermo Solana. El artista visual Lalo Quiroz, hace una reflexión sobre el proyecto Arte y Activismo Cultural para Combatir el Estigma y la discriminación, recientemente inaugurado. Este texto pone en evidencia el escaso criterio de un par de “noveles críticos de arte”.

A continuación el texto de Lalo Quiroz.

CUANDO DOS "CRITICOS DE ARTE" CAGAN FUERA DEL BAÑO

Por: Lalo Quiroz

Durante siglos, muchos han usado el poder de la palabra para causar efectos, muchas veces de consecuencias incomprensibles. Algunos han teñido la historia de genocidios y otros han llevado a miles de personas al suicidio colectivo, pero felizmente han existido otros que han hecho aportes positivos e incluso han generado la auto liberación de pueblos enteros. Esta capacidad, el dominio de la palabra oral o escrita, la desarrollan muy bien y casi magistralmente (además de actores y escritores), la mayoría de políticos, periodistas y comunicadores.

El viernes 26 de septiembre, se dio inicio al proyecto Arte y Activismo cultural para combatir el estigma y la discriminación, desarrollado por la Unidad de Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano – Facultad de Salud Pública y Administración de la Universidad Cayetano Heredia, proyecto que significa un importante aporte al debate y la construcción desde diferentes perspectivas y desde un espacio alternativo a los conocidos circuitos artísticos y culturales, iniciativa que felicito. Siendo así, fuimos convocados artistas, activistas e investigadores, para participar del primer taller programado que llevó por título Arte, Derechos Humanos y Cambio Social: Reflexiones y Experiencias.

Si bien es cierto, que el taller se desarrolló dentro de la tolerancia y cordialidad de los diversos participantes, expositores e incentivado por los mismos organizadores, se presenció una situación de intolerancia y estrechez de mente originada por uno de los invitados. Posiblemente la ingenuidad de los organizadores, al juntar perros, gatos y ratas; o tal vez la falta de experiencia en el manejo de estas dinámicas generó que se creara un estado de incomodidad y malestar entre la mayoría que asistimos y permanecimos durante todo el día. Lo cierto es que por unos minutos tuvimos que aguantar la arrogancia, malcriadez y falta de respeto de los señores “críticos de arte” Rafo León y sobre todo de Fernando Vivas, con sus comentarios fuera de lugar, tras la presentación de las experiencias artísticas de Susana Torres (Colectivo Sociedad Civil), Mar Pérez (Empleada Audaz) y de quien escribe.

Primero el señor León, nos ofreció reflexiones generales y solo se dedicó a divagar sobre lo expuesto sin ofrecer mayores aportes, para luego dar pase al señor Vivas, quién se fue con toda su verbosidad, como debe ser un “buen crítico de arte”, polarizándose abruptamente, ensalzando y desmereciendo según sus propios intereses a quién mas le pareció. En este caso, el principal blanco de los ataques biliosos del señor Vivas fue la presentación de mi proyecto Se vende o alquila este local, diciendo todo lo que se le pego en gana, sin ningún tipo de argumentos sólidos y demostrando que simplemente no había entendido nada; lo cual me tiene sin cuidado porque nunca me ha interesado, ni muchos menos he trabajado para la crítica; pero eso no fue lo grave, sino su completa irresponsabilidad y falta de respeto al terminar de lanzar sus incongruencias, pararse y decir que lamentablemente se tenía que retirar, dejando a un auditorio con toda la intención de cuestionarlo. Finalmente, este señor, quien seguramente pensó que había entrado a un baño público, aprovechó la casi nula reacción de todos nosotros y de la misma organización, para irse embarrado, sin limpiarse y diciendo que cualquier comentario lo hagamos a su correo electrónico. Completamente inadmisible.

Mientras tanto, el desorden en la participación del público y las ideas fue aprovechado por el señor León para intentar llevar la discusión hacia un problema muy grave como el de Majaz, pero que no tenía nada que ver con lo que estábamos discutiendo, demostrando su poco interés y respeto por los lineamientos del taller. En ese desorden, él SÍ se limpió y se retiro.

Este tipo de situaciones no se pueden permitir. Bienvenida la crítica pero con argumentos serios y responsabilidad, participemos en espacios de discusión pero con tolerancia y respeto; este tipo de periodistas hacen un daño tremendo y no contribuyen a un desarrollo pluralista y diverso en nuestra sociedad, son concientes del poder que tienen en lo mediático y lo usan indiscriminadamente. Pero, felizmente el espacio mediático se expande cada vez más con la red, dándonos la oportunidad de contar con un medio más democrático y de verdadera libertad de expresión.

No dejemos que ciertos “críticos de arte” monopolicen y manipulen con sus criterios lo que verdaderamente representa el arte en el país, hace mucho tiempo que vienen creando mitos y leyendas alrededor de artistas que ni ellos mismos saben que decir sobre sus propuestas, confío en que las nuevas generaciones de críticos lograrán ampliar esta micro escena artística y al mismo tiempo des-elitizarla, mientras tanto, los que podamos hacerlo, no nos quedaremos callados.

Lima, septiembre, 2007.

29.9.07

¿POR QUÉ LA CRÍTICA DE ARTE ES TAN ABURRIDA?

El programa “RadiaArte”, emitido por Radio Canto Grande viene siendo uno de los pocos medios y plataformas dedicadas a la difusión cultural y la crítica de arte.

Este programa, conducido por Marco Iván Cabrera, hace poco cumplió 200 programas y acaba de inaugurar la secuencia "Diálogos Internacionales" con una entrevista al Historiador del Arte español Guillermo Solana, Conservador Jefe del Museo Thyssen Bornemisza.

El eje conductor de esta entrevista fue la pregunta: ¿Por qué la crítica de arte es tan aburrida?. Durante esta conversación Solana detalló lo difícil y poco plural que la mayoría de veces llega a ser la crítica de arte, además cual debería ser la postura del crítico de arte frente a su vínculo con los artistas.

A continuación el audio de esta entrevista efectuada por Marco Iván, más detalles en la página del programa http://www.radiarte2007.blogspot.com/