9.11.07

A PROPÓSITO DE «ESCUELA DE MARTE»

Con el afán de fomentar el debate a continuación dos comentarios muy críticos que hace Manuel Marcos sobre este espacio y los textos que aquí se despliegan.

Manuel Marcos ya participó antes en este espacio con el texto: ¿CÓMO NEW YORK ROBÓ EL ARTE MODERNO?.


En los próximos días estaremos haciendo algunos comentarios a estas dos críticas que a continuación se pueden leer.

A PROPÓSITO DE «ESCUELA DE MARTE»

Por: Manuel Marcos

"En realidad nunca se tornan en rebeldes
para no ser confundidos con revolucionarios".
Fernando Henrique Cardoso (1)

Señores «Escuela de mArte», como he notado que su blog se ha convertido en un espacio recurrente dentro de lo que son las artes plásticas en el país, me tomé la libertad de realizar una breve interpretación sobre algunas reflexiones y opiniones vertidas aquí por artistas o colectivos y que tratan, fundamentalmente, sobre arte y sociedad.

Al revisar de manera detallada los comentarios de los artistas he constatado que éstos entienden e interpretan la realidad desde los fragmentados ámbitos del activismo ecológico, étnico, gay o del activismo pro-ciudadanía. Esto me recuerda que, en el pasado, el gesto social del «artista joven moderno», por excelencia, era abordar el orden universal concreto en nombre de su propio síntoma, que terminaba siendo él mismo.

Frente a este hecho aparece la pregunta: ¿Por qué los artistas y colectivos de esta época están empapados de activismo culturalista –como una suerte de incondicional militancia o apego a nuevos ismos– o de la búsqueda compulsiva de reafirmar la comunidad, la democracia local o la participación ciudadana? ¿Acaso esta búsqueda es una versión local de hacer «política» desde el arte, o es una opción influenciada por el pensamiento cliché de que «todo artista o colectivo debe manifestarse sobre lo que ocurre en su realidad» pero, ahora, desde ámbitos «democráticamente» pactados o pasivamente asumidos? O lo que puede ser peor, ¿acoso estos artistas son las cajas de resonancia creadas y abaladas por las ONG´s?

Pareciera que la tendencia impulsada por el sistema post capitalista y el discurso demo-liberal de fragmentar, instrumentalizar y reprimir la idea del papel clave de las utopías y discursos reivindicativos y revolucionarias de toda la realidad contemporánea –promoviendo la "urgencia" de la participación en múltiples y fragmentadas luchas culturales o imponiendo "racionales" e "impostergables" agendas para el consenso— han sembrado sus frutos en muchos de los artistas y colectivos aquí publicados.

Lo cierto es que con su actitud éstos artistas no sólo dejan intacta la homogeneidad básica del sistema económico, político y cultural mundial post capitalistas, y a sus excesos, sino que también están aceptando y reclamando –no sin vehemencia y apasionamientos— cierta fidelidad a las lógicas de aquel sistema al que precisamente dicen cuestionar. Quizá lo más grave es que sus consumidores terminan heredando aquellos gustos.

Es más, todo un aparato mediático y estratégico respalda y festeja sus tendencia a delimitar la experiencia social de las artes dentro de compartimentados universos puramente “simbólicos" con el objeto de no reinscribir sus potencialidades en el campo de la transformación y revolución de la realidad concreta y del poder.

En esta atmósfera ciega y trivial, sugiero que «Escuela de mArte» debería tener el mérito y la utilidad de ser un exacerbante generacional. La labor de este blog debería centrarse más en tratar de interesar a los artistas en la búsqueda y entendimiento de valores estéticos libres, independientes, en valores que resulten comprometidos con la realidad y lo social y no con su relativización en los famélicos y compartimentados activismos estético-culturalistas, o la sublimación de ciertos ideales políticos liberales que resultan, la más de las veces, arcaicos y reaccionarios.

Para concluir, considero que la construcción de ghettos libertarios para las artes y la creatividad son parte de un deseo de fragmentación de la unidad básica de la idea de artes modernas y de sus potencialidades sociales que, entre otras cosas, hace imposible toda ruptura y movilización que no sea la ordenada y controlada por el poder vigente o de los innumerables organismos que les disputan dicho poder.

COMENTARIO A UNA INVESTIGACIÓN DEL EDITOR

Por: Manuel Marcos

"La conciencia del artista es el circo agonal de una lucha
entre un espíritu revolucionario y uno decadentista".
José Carlos Mariátegui (2)

Arte en el mapa de la ciudad. Diez años de intervenciones en espacios públicos en el Perú (1997-2007) es el significativo aporte de David Flores-Hora, publicado en este blog en agosto de 2007, y cuyos primeros borradores tuve la oportunidad de leer con anticipación. Por esta familiaridad y otras circunstancias es que quisiera comentarla, pero desde una perspectiva distinta a la de su autor.

En primer lugar, si bien el trabajo es un recuento de las principales intervenciones en los espacios públicos en la última década, debió hacerse hincapié en zanjar diferencias tan notorias como las que hubo entre los proyectos de jóvenes artistas y colectivos limeños que, entre 1997 y el 2001, pretendieron renovar el poder de crítica y negación del arte interviniendo las calles pues se sintieron censurados y banalizados por el aparato estatal del fujimorismo; con el accionar mediático que organizó un grupo de personas que —predicando parlamentarismo o constitucionalismo liberal— coparon los espacios públicos con diversos show´s que, a simple vista, hacían un llamado al cambio coyuntural pero en realidad disfrazaban sus búsquedas de notoriedad y de una reposición de sus viejos privilegios burocráticos conquistados durante el velasquismo, el acciopopulismo y el aprismo.

Los cambios se hacen con materiales históricos, pero el diseño y la función corresponden a necesidades y propósitos nuevos. La renovación social, o el cambio en la cultura, no podía ser obra de este grupo «senil y claudicante», sino de otros grupos. La verdadera comprensión y valoración de toda esta experiencia social, o social-artística, implica una devolución de su objeto real a las condiciones que la determinaron y no su ocultamiento o descuido.

En segundo lugar, también creo que la decisión de tratar algunas intervenciones en los espacios públicos como un instrumento de cambio social y político desde el arte debe de tener presente que dicho accionar no puede comprenderse como algo que brota de una asamblea o conciliábulo de artistas, colectivos, estetas o de pequeños grupos de «iluminados». Esta tendría que ser vista como el resultado natural de una actitud, o ideología, basada en la vida, la emoción urbana, la humanidad y la verdad que, en tiempos de conflicto e injusticia, se encaminan a revolucionar el patrón cultural y social de la época o a plantear nuevos cometidos ético-estéticos.

En tercer lugar, considero que la razón de que las numerosas intervenciones en los espacios públicos sean percibidas e interpretadas por el autor como gestos de corto aliento, casi de orden anecdótico, e inorgánicas en sí mismas responden a un factor: un espacio como el de Lima, donde ningún proyecto moderno ha conquistado plenitud material o ética, no puede constituirse en un escenario propicio para que en ella se muestren corrientes y movimientos de legitimación y ruptura o en ámbito libre para las propuestas de espíritu contemporáneo.

Considerar a Lima como una meca para las diversas propuestas de intervenciones publicas es el optimismo que invade a muchos performer´s callejeros y colectivos. Aquel fenómeno tiene su origen en el posesionamiento que éstos han hecho del optimismo de una élite artística demo-burguesa que ubicó, en las degeneraciones y miserias de la urbe, un caldo de cultivo que nutre y da forma a su vieja pretensión de legitimar una «estética», que hoy han rotulado «choledad» o «estética urbana posmoderna limeña».

Quizá seria bueno que los artistas se dejen invadir de la sensibilidad contemporánea universal despidiendo el espíritu de estas flaquezas estéticas locales. El optimismo que deben rechazar es el fácil y perezoso optimismo de aquella clase que piensa que "vivimos en el mejor de los mundos posibles".

Sería más enriquecedor que la ensayística sobre arte y los artistas vean a Lima, reinterpreten a Lima, y actúen en Lima desde una oposición a ella. Y considero esto no a partir de encrucijadas académicas o de gramáticas estéticas, pues resultaría absurdo y hasta grosero. Considero esto desde puntos de vista que reconocen que el espíritu innovador en las artes reside en la ciudad y su praxis crítica y transgresora es, también, producto urbano; pero no producto de la festividad por su degeneración y decadencia.

Y quizás Flores-Hora, sobre todo, debería de tomar en cuenta la actual situación de nuestros artistas al tratar de sus intervenciones públicas. La mayoría de las veces, meritorias y dignas pero aún difusas para definir caminos mayores, como los rumbos políticos y sociales. A pesar de todo, y para finalizar, quiero decir que la experiencia de intervenir los espacios públicos entre 1997 y el 2007 no sólo fue significativa sino que son conscientemente valoradas —en este trabajo— por su significación, que reciben en parte del pertinente razonamiento y reflexión de toda la realidad que las rodeó.

(1) Fernando Henrique Cardoso. "Hacia otro desarrollo", Socialismo y Participación Nº 3, Perugraph Editores S.A., Lima de 1978. Páginas 29-44.

(2) José Carlos Mariátegui. "Arte, revolución y decadencia", Amauta Nº 3, Lima, noviembre de 1926. Páginas 3-4.

2 comentarios:

Iván F-D. dijo...

Interesante los aportes de Marcos. El primero me interesa. Estoy de acuerdo respecto de la tediosa y politicoide o política posición de varios artistas y colectivos. Por mi parte estoy en otra cosa; pero comprendo que son respetables, y que sería aburrido que todos hagamos el mismo tipo de arte o sigamos las mismas tendencias. Además, quiero señalar que en el arte no puede utilizarse algo como la palabra "debería". ¿Quién puede sentir que tiene la verdad para decir qué debería y que no debería hacer tal o cual artista? Sandeces. Pero interesante aporte. Un abrazo.

Instituto Cultural de Arte Peruano ICAP dijo...

Con respecto al primer comentario estoy absolutamente de acuerdo con la posiciòn de que el arte no tiene que estar ligado (necesariamente) a la réplica, crítica o política de la sociedad. Aunque debo manifestar que, es la expresiòn artìstica, la mejor manera de "expresar" una idea. Pero que estas "forma de hacer" se convierta en un "estilo mecánico" desmerece el contenido. Por otro lado, el arte está ligado a la sociedad aunque de ahi nace, se nutre y produce, pero desde mi punto de vista, el arte no tiene un compromiso con la sociedad sino con el propio arte mismo.

En lo que estoy de acuerdo, absolutamente,es que este espacio de David es lo mejor que he visto en "blogs" sobre arte. Saludos por los comentarios que discutibles o coincidentes comienzan a generar la polémica en torno al arte limeño que no deberìa quedarse aquí, sino ser universal pero creo que Escuela de Marte comienza bien.

Ahora que David tenga su propio rollo, eso también es bueno. Como dice el segundo comentarista: Quién es el dueño de la verdad. Lo importante es que la plataforma crezca y que todos podamos opinar en ella.

Marco Iván Cabrera H.