“Al terminar el año y recordar la primera versión de la Trienal de Chile, me invade la tristeza por el modo en que se desperdició una buena oportunidad de acercar el arte contemporáneo a personas que habitualmente no están en contacto con él. La muestra fue una serie de exposiciones aisladas que nunca lograron una coherencia desde el punto de vista curatorial o simplemente expositivo. Si hay un elemento que ha hecho de este formato un sello distintivo, es el marco educacional, pero eso brilló por su ausencia en esta muestra, lo que sumado a una serie de trabajos mediocres y otros ya vistos no constituye aporte alguno."
De lejos las exposiciones: “Lo Impuro y lo Contaminado 3. Pulsiones (Neo)Barrocas en las Rutas de Micromuseo” del Perú y “Una mirada múltiple, el Museo del Barro” de Paraguay fueron los únicos proyectos relevantes en una [primera] Trienal de Chile que en un obsesivo afán de internacionalización descuidó totalmente el impacto local y la propuesta pedagógica.
La Trienal parece haber sido diseñada para la inauguración, para la foto de sociales con la presidenta y la ministra de cultura. El único punto de información sobre este encuentro en todo Santiago lo pudimos encontrar en el aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez, dejando en claro el tipo de público objetivo buscado.
Sin embargo, ¿A quién benefició la Trienal de Chile?. Esta es la pregunta que hace la periodista Carolina Lara B. en un artículo aparecido en el diario “El Mercurio” del 7 de diciembre pasado. Texto que copiamos íntegramente.
¿A quién beneficia la Trienal de Chile?
Carolina Lara B.
El 10 de octubre, a días de inaugurarse la Trienal de Chile, se realizó en Lota una de las reuniones más significativas de este gran evento de artes visuales. Invisible a los medios de comunicación, tenía a Ticio Escobar revelando a unos pocos asistentes que su participación como curador general no pretendía colaborar con una imagen país.
JUSTO PARTOR MELLADO





